Un pequeño homenaje a la primavera y sus vaivenes que alteran algo más que la sangre...
En los más inolvidables paisajes
envejecer será quizá
como un enorme abrazo,
falto de luces y de disfraces.
El parto de final feliz,
el embarazo,
de recuerdos almidonados,
de póstumos gametos,
y analfabetos escritores
que siempre dicen algo.
Bajo la piel húmeda y leve
de los ojos,
tras el aletear escabroso
de los pájaros,
en la competición agónica
de las gotas,
allí, lejos, te sigo viendo.
Se me hacen cuesta arriba las bajadas
y trepo cuando cuelgo de tus ramas
de mis ramas,
de nada.
Déjame al menos
explicar mi disléxica sintaxis
decirte sólo que no sé
decirte, sólo eso.
Que te fotosintetizan a la inversa
las amapolas de mi cerebro.
y las copas de vino están ya ebrias
cuando las beso,
y los insectos tullidos
salen, hoy, del bar ilesos.
¿y yo?
-Yo sólo eso
¿y tú?
“Mejor seguir”,dicen los consejos,
“zurciendo imaginaciones
de carne y hueso”.
Víboras de lo incierto
Incertidumbre de tintineos.
Bajo lo poroso de la roca
la endurecida esponja del deseo
se deja exprimir dócil
y las lágrimas emprenden ya,
la tímida retirada,
la marcha fúnebre,
el regreso.

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